La juventud perdida de Cuba

Una reflexión a propósito del pasado 4 de Abril

Parte de los hijos de la familia Guerrero Ricardo

Parte de los hijos de la familia Guerrero Ricardo

Una expresión de mi madre, me llevó a esta reflexión sobre la que he meditado en varias ocasiones; -“Gracias a su tía me aprendí yo los productos”- tras salir de la casa un viejo amigo que suponía que mami en su enfermedad no lo recordaba. Se refiere a una bien morena y elegante mujer que hoy jubilada de muchos años y sorda, camina aún por la barriada del “28 de Septiembre” en Santa Lucía, Holguín.

Resulta que en su natal Caridad de Bariay, esta morena en sus años mozos se dedicaba en su casa a enseñar a los niños del barrio, donde algunos pagaban lo que podían pero igual los enseñaba a todos. Al triunfar la Revolución en 1959, Mirtha Torres Noris encontró la oportunidad de formarse como maestra hasta su jubilación.

Pero el motivo de la reflexión es otra, es “la juventud cubana perdida de hoy”, si, así mismo; una y otra vez he escuchado a diferentes personas con esta opinión basado en “que si en mi época si había respeto, que si nadie se atrevía a hacer esto o lo otro, bla, bla, bla, …” y he aquí mi reflexión, la que basaré solamente en mi familia y sus testimonios o hechos para sustentar mi opinión final.

La familia de mi madre, al menos por los Camacho, tiene sus raíces en emigrados de Las Canarias que trabajaron muy duro para hacer fortuna y establecerse en Cuba. En la niñez de mi madre, dueños de varias fincas, casas de alquiler, tiendas de víveres, ropa, ferretería, peletería, salones de baile, carnicerías, al menos una bomba de combustible, …; distribuido por y los alrededores de Santa Lucía, Bariay, Holguín, Alto Cedro y Pastelillo en Nuevita de Camagüey. Ellos tenían en sus ofertas Turrón de Alicante, Coca Cola, Arróz Tiobén, …; pero como decía mi abuela, de quien por cierto conservo muchas postales ya que posaba como modelo por su belleza femenina, “comían arroz un día de fiestas y los zapatos de los mayores eran herencia para los más pequeños para salir, los de andar, se los hacía ella de tela en la casa”. De mi madre pequeña no conozco fotos, por lo que no será la base de esta reflexión.

Por parte de mi padre, Guardia Jurado de mucho prestigio mi abuelo, La Santa Lucía Cómpany se encargaba de darle aparentemente todo lo que necesitaba, y es por ello que se daban el lujo de “hasta comprar autos en agencia”, y de aquí si hay fotos para soportar la reflexión.

En la primer foto, parte de los hijos del segundo matrimonio de mi abuelo paterno. Es tomada frente a la casa familiar en La Caridad de Santo Tomás en 1952, casa que la compañía ponía a disposición de su “fiel y bien remunerado” empleado, el cual por su solvencia podía ayudar incluso a familias más pobres que solicitaban por lo menos el desayuno diario.

Esta si era una “juventud modelo” y en esta familia aún más. Los varones mayores tenían que labrar la tierra y hacer cualquier trabajo para ayudar en el sustento familiar y las hembras, tenían que asumir cualquier labor doméstica y por demás, veamos que ha sido de la vida de cada uno. Describiré según la foto de izquierda a derecha.

Esther, fallecida ya al Triunfo de la Revolución. Al no existir servicios médicos, se supone que fuera consecuencia de una epilepsia agrabada, nunca tuvo tratamiento.

Riguito, había fallecido 6 meses antes que Esther como consecuencia de un dolor que hasta hoy no se sabe que fue. Debió ser trasladado hasta una clínica particular en Gibara, donde le exigieron una donación de sangre para atenderlo y en lo que mi padre localizó un donante a más de 40Km por malos caminos, falleció sin ser asistido. Se había incorporado a los estudios tras Enero del 59 y conservamos una foto y reconocimiento que se le hacía como el mejor expediente de la escuela. Según me cuentan, se había hecho un excelente mecánico automotor autodidacta y al morir solo contaba con 15 años. Hoy pensamos que fue una simple apendicitis la causa de su muerte.

Gladis, fallecida en 1983 tras una crisis vesicular que estaba diagnosticada y definida la necesidad de cirugía de inmediato, pero aplazó una y otra vez como consecuencia de la enfermedad final de mi abuela.

Raúl, pailero y especialista en soldadura, jubilado hoy. Se formó en su oficio al pasar el servicio militar y la ejerció en toda su vida laboral a partir de ese momento.

Belkis, Educadora de Círculo Infantil, jubilada. Se formó gracias a programas de capacitación desarrollados por la Revolución.

Ridel, Pailero, dirigente sindical, hoy trabajador por cuenta propia en una de las más prestigiosas paladares de la capital.

Aida, jubilada de la salud como trabajadoras de farmacia; y

Roberto; fallecido. Especialista en fotografía artística y científica. Tras su enfermedad fue atendido en los mejores hospitales y con todos los adelantos existentes puesto a su servicio.

Resulta curioso que todos los integrantes de esta “familia de sociedad” de la época, alcanzara el Sexto Grado y los grados posteriores en las escuelas para Obreros y Campesinos creadas por la Revolución, excepto Ridel quien si se formó por el sistema de Enseñanza General y la capacitación a obreros; así como, todos nacieron en su casa sin la asistencia de un médico.

La próxima foto, muestra una colección de mi generación, en un domingo de ocio en el Preuniversitario (Bachillerato o Instituto de Segunda Enseñanza) en el campo. Está tomada 31 años después, por lo que somos de la generación de los hijos de la primer foto, ¿qué ha ocurrido aquí? Veamos también de Izquierda a derecha.

IPUEC "René O Reyné", municipio Calixto García

IPUEC “René O Reyné”, municipio Calixto García

Ramón Lorenzo; como dice él, bachiller y campesino a conveniencia. Ha hecho su familia sin dificultad alguna.

Raicel Chávez; Abogado, oficial investigador de la policía antidroga.

Jesús Gutierrez; Médico General y especialista en MGI. Residente en Venezuela.

Jorge Zaldivar; Médico General, Especialista en MGI y en Medicina Natural, Master en Medicina Natural.

Quien les escribe; ingeniero en Telecomunicaciones y Master en Informática.

Carmen ¿?; Licenciada en Economía.

Gerardo Ráez; Bachiller y especialista en servicio gastronómico en el polo turístico. y

Ramón Ráez; Abogado y Director de la Empresa de Materias Primas del municipio Holguín.

Como datos curiosos tenemos tres:

1. Todos nacimos en hospitales y hemos tenido la asistencia médica necesaria.

2. Todos somos graduados del sistema nacional de enseñanza. Y

3. Ninguno tuvo que trabajar para ayudar a su familia mientras estuvo estudiando.

Pero ahora si, “se regó la mierda de pato” a decir de los viejos, esta juventud está más perdida aún. Está tomada 28 años después, por lo que se trata de nuestros hijos. Fue hecha en la Fiesta de Quince de la hija de una prima hermana por la propia quinceañera. ¿Quiénes están?, igual en el orden de las anteriores.

Locos sueltos en los Quince de Ismaray

Locos sueltos en los Quince de Ismaray

Dailín; hija de otra prima hermana del autor, cursa el último año como Técnico en Construcción Civil y realiza sus prácticas en la construcción de viviendas en el polo turístico.

Carlos; está pasando el Servicio Militar y ya aprobó los exámenes de ingreso para estudiar medicina, quiere ser pediatra y se ha especializado en hacer cualquier trabajo que pueda ser útil en su Unidad Militar para “barajar guardias”.

Lili, mi hija; estudia medicina y quiere ser ginecóloga. Tiene tremendo complejo de artista y en el momento que escribo el presente trabajo, se encuentra participando en el Festival Provincial de Artistas Aficionados de la FEU. Es la Delegada de su aula a la Asamblea Provincial del la FEU, previa al próximo Congreso.

Ailén; cursa el 9no grado de la Secundaria Básica. Aún no sabe que va a estudiar.

Como datos curiosos tenemos tres:

1. No entienden como era que podían nacer los niños en la casa sin la asistencia de un médico.

2. Todos estudian y hasta cursan otros curriculares. Y

3. A quien les hable de trabajar le dan un discurso sobre trabajo infantil y “hasta le explican el Código de la Niñez y la Juventud y cuantas leyes y protocolos internacionales existen patrocinados por la UNICEF”.

Ha pasado el tiempo y pasó que las fundas de machete, gajos de guásima o chivirico; tuvieron que desaparecer como herramientas educativas en una sociedad donde el criterio de educación era sustituido por miedo y el trabajo infantil era moda como lo es hoy el reguetón. Donde una escuela o un hospital eran “lujos” de muy pocos, independientemente de las posibilidades económicas “aparentes”, que solo servían para ocultar la verdadera miseria en que se vivía.

Desaparecieron las razones por las que mi abuelo guardia entregaba las balas de su fusil justificando que las “había echado al servicio” o prestaba su carro para el traslado de armas y otros materiales para los Rebeldes, o algunos miembros de la familia se alzaban o colaboraban de otras formas más activas.

O por la que mi abuela y su familia entregaban cargamento de víveres, armas, cosían brazaletes o gestionaban medicinas y otros recursos; o más aún, al triunfar la Revolución desapareció la intención de retornar a la Madre Patria.

Como enseñanzas de familia me quedaron muchas:

– Mi tio Marcial, recién fallecido, me contaba que al enterarse de que le intervendrían la tienda la surtió completa, era una forma de agradecer por los beneficios que recibía la familia.

– Abuelo Fisco (no el militar que murió siendo yo muy pequeño) me contaba que había vivido unos cuantos gobiernos, pero como el de Fidel ninguno.

– Y abuela Gloria, nunca más tendría necesidad de tener una reserva en ganado y pesos fuertes por si había que ir a un hospital, ni dejar boniato asando para el desayuno en la mañana, ni guardar los zapatos de un nieto para otro.

Nada, la juventud perdida de Cuba está diseminada por todo el mundo, unos residiendo como personas de bien y con una formación que les permite salir fácil adelante por sus conocimientos, o como especialistas que ayudan o forman en otros pueblos del mundo donde requieren de su ayuda ya sea por la pobreza de esos pueblos o por la especialización de nuestro personal.

Es una juventud fiestera, sana, dichosa; que no come Turrón de Alicante ni Bacalao y solo conoce de arroz nacional (porque es el más malo y lo venden adicional en la cuota o por la libre más barato y cocina con menos agua), arroz importado y algunos se acuerdan del arroz precocido; pero no sabe de desnutrición ni de vivir a la intemperie, ni de carecer de un médico cuando lo necesita o que no le llegue un libro a su escuela.

Una juventud que exige y defiende sus derechos y cuando se les convoca lo mismo parte a sembrar caña que a auxiliar a un pueblo hermano necesitado por alguna causa justa. Una juventud que en este convulso y globalizado mundo sigue defendiendo por encima de todo la posibilidad de salir a cualquier fiesta y disfrutar con la seguridad de regresar a casa a pié, a cualquier hora, sin peligro mayor que los naturales y propios de la vida, confiados en que la sociedad los protege.

¡Como ha cambiado la juventud cubana, mis padres y su generación si que estaban perdidos!

Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *