A pesar del tiempo… sigue ahí

Por Nelsi Acosta

El Faro de Punta Lucrecia tiene una historia centenaria, con sus destellos de luz sirve de guía segura a las naves que transitan en las aguas de la costa nororiental cubana. Es considerado uno de los 100 más importantes del mundo por su posición geográfica. Es uno de esos sitios emblemáticos de la geografía cubana, donde la luz es su razón de ser, y la belleza su constante.

Las paradojas de la historia vincularon a la edificación con la gesta independentista cubana, pues ¿que coincidencia?, su fecha de encendido fue el 10 de octubre de 1868, coincidiendo con el inicio de la gesta libertaria cubana al Carlos Manuel de Céspedes darle la libertad a sus esclavos, quizás lanzando como el inicio de la campaña un destello libertad y esperanza para la patria.

Se localiza en el la costa norte de la provincia de Holguín, en Punta Lucrecia, perteneciente al municipio Banes. El faro emite un destello de luz blanca cada 5 segundos, se encuentra a 40 metros sobre el nivel del mar y tiene un alcance luminoso de 45 millas, casi tres veces más que al inicio de sus funciones, cuando solo llegaba a unas 18 millas de alcance.

Los primeros pasos para su levantamiento se dieron en febrero de 1858, según los expertos de la época, la necesidad de la obra se justificaba por el hecho de presentar una costa baja y rodeada de arrecifes que convertían el lugar en un sitio prácticamente inaccesible hasta para las embarcaciones de escaso calado.

El difícil acceso al lugar y la escasez de mano de obra llevó a la decisión de incorporar a brigadas de presidiarios a los trabajos, y así fue como en 1860 llegan los primeros 40 sancionados procedentes de los penales de Oriente.

Asociada a la construcción, se produjo otro significativo hecho, también pintoresco, que forma parte de la historia popular: Para trasladar los enormes bloques de piedra, cuyo peso suma varias toneladas, desde el lugar de su extracción hasta la obra se hizo necesaria la construcción de un rústico ferrocarril arrastrado por bueyes y cuyos carros rodaban por carriles de madera.

Hoy para muchos sigue siendo un enigma la mezcla utilizada para pegar los enormes bloques de piedras, que pesan varias toneladas, y los medios utilizados para elevarlos a lo último de su cúspide.

La primera farola y la máquina utilizada por este gigante de la señalización marítima fueron fabricadas en París, capital de Francia. En su interior, el faro acoge a una escalera de caracol de 168 peldaños, algunos confeccionados de piedra caliza y la mayoría de hierro fundido. Estos escalones conducen hasta la cúpula donde permanece la moderna cámara de iluminación, sustituta de otras anteriores de menos posibilidades tecnológicas.

Sus alrededores aún conservan vestigios de la época de su construcción, entre ellos restos de los hornos de cal, canteras y sillares elaborados y abandonados en las canteras.

Impasible desde hace más de 140 años a la furia de la naturaleza, quizás por otra coincidencia este fue el lugar escogido en septiembre de 2008 por el poderoso huracán Ike para tocar tierra cubana y sin embargo, el faro a pesar del tiempo sigue ahí, vigilante, callado, soportando el paso de los años, emitiendo ese destello de luz que no se agota.

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4 respuestas a A pesar del tiempo… sigue ahí

  1. roger dijo:

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  2. Xiomara Rodríguez Tamayo dijo:

    Muy interesante este trabajo, es magnífico decifrar enigmas de la historia y el tiempo.
    ! Hay tantos lugares que guardan mágicos testimonios !
    Debemos contribuir a que salgan a la luz.

  3. Beatríz M. Jiménez Tamayo dijo:

    Muy interesante el comentario para saber más de nuestra historia en la Patria Chica.

  4. Angel Fornaris A dijo:

    Interesante trabajo de Nelsis, muy importante todo lo que se cuenta el lugar, nunca pense que el faro de Punta Lucrecia fuera tan antiguo.

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