Estableciendo territorios para el amor

Por: Lizbet García y tomado de https://www.facebook.com/notes/lizbet-garc%C3%ADa/estableciendo-territorios-para-el-amor-por-lizbet-garcía/10150648085894682

Hay palabras que aunque pase el tiempo son atemporales, más cuando esas palabras fueron escritas por el corazón de una Holguinera. Las dejo a su consideración.

Calentando los motores en 8 de Marzo del 2010 en la Delegación de la calle 18 entre 1 y 3 en Santa Lucía, Holguín

De alguna manera, me alegra que el festejo a las mujeres (por parte de la Asociación de Cubanos Residentes en el Exterior/ Delegación Nuevo León y el Consulado de Cuba en Monterrey) fuera hoy, 22 de marzo, como bien pudo ser el 8, o el 23 de junio o el 16 de septiembre, porque cada día nos sentimos orgullosas de ser eso: mujeres. Y para las cubanas que andamos por aquí, el día a día adquiere una nueva connotación desde nuestra condición de género, adaptándonos a una cultura ajena que pronto aprendemos a hacer nuestra… por eso me uno –desde mi reflexión– al homenaje.

Casi todas las que están hoy aquí son:

Mujeres que bien pueden atravesar aeropuertos internacionales con una olla reina, un colador de café, la cafetera de la abuela, una frazadita de trapear o un trapeador de madera.

Mujeres que hacen una fiesta cuando encuentran yuca en el HEB; que aprietan a Cuba dentro de su cocina, para que nunca se vayan los recuerdos contenidos en el aroma del congrí, de las croquetas de pollo y los casquitos de guayaba con queso.

Mujeres que planean, que ahorran, que optimizan el agua, porque así era en Cuba y por qué no seguirlo haciendo si el Planeta es el mismo.

Intercambio de Regalos en la misma actividad y Delegación, pero en el 2011

Mujeres que en muchos casos –me incluyo– visten a sus hijas (cubanas o mexicanas) con uniformes diferentes al rojito de tirantes y pañoleta azul que vestíamos nosotras cuando éramos niñas. Ellas (nuestras hijas) llevan calcetas, nosotras llevábamos medias; ellas llevan chongos donde nosotras llevábamos coletas; nosotras fuimos al círculo, ellas a la guardería; nosotras hacíamos carticas de amor y jugábamos al escondido en el recreo, ellas chatean, ven facebook y videojuegan.

La vida, desde la cabeza de un hogar, va borrando la fina línea de las fronteras y del tiempo; ahora somos mujeres que estamos aquí, aprendiendo también a hacer tacos, a molcajetear tomates con chiles y a preparar un pollo con mole aunque sea de Doña María.

Aprendemos a manejar o a usar el Metro o la guagua –que seguimos llamando guagua aunque aquí todos digan camión- y nos hacemos un mapa mental de la ciudad nueva (las tiendas, el mercado, la escuela, el salón de belleza, la sala de conciertos, la oficina…) para que todo tenga sentido en el interminable día de una mujer.

Pero Cuba y su gente no se nos van nunca de la cabeza, en cada viaje hacemos una lista para que no nos falten el regalito de tía, los espejuelos de abuela, la ropita a los sobrinos, el detalle a la vecina entrañable que veías metida en tu casa como familia desde que naciste.

Y te mueres de gusto cuando tus hijos se mueven allá en tu barrio como pez en el agua, porque hayan o no nacido allí, tienen en la sangre todo el beatde tus amores por aquella tierra, (como Camila Cantú cuando se quejó por teléfono con su papá, con todo y acentico cubano, porque la fiesta de la caldosa del CDR en el 12 plantas de Holguín no estaba tan buena como en el barrio de al lado).

Razón y orgullo de toda mujer cubana

Eso es lo que hacemos todos los días las mujeres cubanas por aquí, alimentar el amor a ambos lados del golfo, tejer lazos, querer con intensidades similares a nuestra tierra de origen y a nuestra tierra de adopción, deseando que en las dos orillas reine la paz, la armonía y el afecto; y haciendo en la intimidad de cada una de nuestras casas una “pequeña Patria” que honre a la Patria mayor.

Por eso brindo por todas las mujeres cubanas, estén en Monterrey, Toluca, Ciego de Ávila, Berlín, Pinar del Río, Tegucigalpa, Holguín, Montreal, Santiago de Cuba, Barcelona, La Habana… porque aunque a veces nos invada el gorrión y algunos días digamos como Silvio Rodríguez: “Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol/ Hoy quisiera estrechar mi ciudad”… lo cierto es que en cualquier parte del mundo todas andamos en lo mismo, estableciendo territorios para el amor.

¡Felicidades!

 

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