San Germán… Historia de una migración

Por Lic. Pedro Calzadilla Expósito. Especialista Principal del área de estudios socioculturales Sectorial de Cultura de Urbano Noris.

Ceremonias (2)

Se prepara la ceremonia

Parte de cultura del cubano se la debemos a la mezcla de razas, es común encontrase en Cuba, en cualquier parte, en cualquier esquina, con un negro, un chino, un gallego, un descendiente de árabes, porque como dijera Nicolás Guillén “Aquí el que no tiene de congo, tiene de carabalí”, por eso es importante conocer nuestras raíces, de dónde provenimos y además saber el por qué de nuestras tradiciones. Hoy le contamos una historia que desentraña parte de nuestra cultura, de nuestra idiocincracia.

En la década de 1920 arriban a San Germán, actual municipio Urbano Noris, oleadas migratorias de gran intensidad: hispanos, árabes, asiáticos, norteamericanos y antillanos.

Las compañías norteamericanas establecidas en la zona se pronuncian por el logro de una fuerza de trabajo estable y barata en la agricultura, y para ello se crearon algunos asentamientos rurales cuyos habitantes eran en lo fundamental inmigrantes canarios y antillanos los cuales constituyeron importantes grupos poblacionales que incidieron en el desarrollo económico y cultural de la región.

Los inmigrantes antillanos procedían tanto del Caribe anglófono como del francófono

Parafernalia ceremonial haitiana

Parafernalia ceremonial haitiana

encontrándose jamaicanos, granadinos, barbadenses, de las Islas de San Vicente y haitianos. Estos últimos resultaron los grupos más numerosos, situándose como componente étnico de gran importancia como incidencia en el acontecer histórico sangermanense. Llegaron a Cuba en busca de mejores condiciones de vida, engañados por contratistas de mano de obra barata, con la esperanza de que tendrían buen trabajo, bienestar, y mejores condiciones de supervivencia, cuestión esta que nunca se hizo realidad.

El arribo a Cuba se produce casi en su totalidad por el puerto de Santiago de Cuba, algunos de ellos transitaron por numerosas regiones del oriente cubano antes de establecerse en el territorio que ocupa Urbano Noris, otros en cambio viajaron de forma más directa hasta la zona bajo la dirección del contratista el cual los entregaba al jefe de la finca. Fundamentalmente arribaron madres solas con hijos y también muchos hombres solteros.

La reina del Gaga tocando el Guamo

La reina del Gaga tocando el Guamo

Los principales lugares de asentamiento fueron en la zona rural, en las llamadas colonias cañeras: San Francisco, La Cuba, Sabanilla Norte, Cauto Tres, Calera e Indio. La existencia de viviendas colectivas o naves con varios cuartos en un interior destinado a hombres solteros llamados por la población barracones eran otros de los componentes que formaban parte del entorno de bateyes y caseríos.

En el interior de los bohíos se encontraban como complementos, asientos rústicos confeccionados con horquetas de árboles con una yagua encima, tinajones para conservar el agua, calderos de hierro y vasijas confeccionadas por güiros secos. Algunos haitianos conservaban un baúl traído de su tierra donde guardaban alguna que otra pertenencia.

Las labores que realizaban estos ciudadanos era el trabajo en el campo que incluía corte, alza y tiro de la caña, también la siembra y deshierba. Algunas mujeres se dedicaban a las labores domésticas fundamentalmente en la casa del capataz o del dueño de la finca.

Los salarios que recibían eran muy bajos los cuales oscilaban entre 10 a 25 centavos diarios. La forma de pago podría efectuarse en efectivo o través de valor de compra y esto se materializaba al culminar la jornada, a los 15 días, o al mes. Las vestimentas propias del trabajo eran pantalones, camisas de color azul para los hombres y alpargatas. Algunos haitianos usaban otro tipo de calzado rústico, el que ellos llamaban jocosamente “me cago en Dios”. Todo podía ser adquirido en la propia tienda de la colonia.

La Reina Gagá invoca a Eleggua

La Reina Gagá invoca a Eleggua

Al terminar la zafra azucarera muchos haitianos se trasladaban a las zonas cafetaleras a participar en la recogida, allí construían sus propias chozas, ayudándose unos a otros, utilizaban las hojas de yagua, plátano, yarey o yuraguana para cobijar el techo y como sostén madera de piñón.

Estos grupos de inmigrantes traían de su país tradiciones religiosas y culturales que junto a ellos se fueron asentando y aclimatando en la zona y se mantienen muchas de ellas hasta la actualidad. El Vodú fue la expresión religiosa más común en estos grupos caracterizada por un gran arraigo y profundidad. Esta religión representa una vital fuerza dentro de la cultura haitiana, ella es un símbolo importante de este componente. En el Vodú convergen un sistema de creencias y visión del mundo en el que todas las personas y todas las cosas son sagradas.

Significativas resultan las celebraciones denominadas Bembé, que se hacían coincidir con las fiestas de Changó, Babalú Ayé, Elegguá y Ogún, festejos que se tenían el propósito de cumplimentar o agradecer a una deidad por los beneficios recibidos convertidos en una tradición de gran arraigo popular. Estas tradiciones se mantienen hasta nuestros días y hoy son protagonizadas por santeros de la localidad, de origen haitiano, que hacen de cada ritual religioso una fiesta, un culto lleno de cantos, danzas y plegarias que se unen como expresión genuina de una cultura que forma parte de la nación cubana.

Danza tradicional haitiana

Danza tradicional haitiana

Otra de las celebraciones de mayor connotación en el Gagá haitiano, tradición muy arraigada en la historia cultural San Germán. Esta celebración que tiene lugar en la Semana Santa durante los meses de marzo y abril según el calendario litúrgico, fecha movible, evoca la muerte y la resurrección de Cristo. Esta tradición se conoce en Cuba desde el año 1925 y en San Germán desde el año 1934, fecha en que ya existía en la zona una numerosa población haitiana. Por esta fecha en la colonia de Sabanilla Doce perteneciente al antiguo central San Germán se crearon algunos bandos gagá entre los que se encontraron el de Santa Cecilia, el Adelina entre otros, en bateyes y en épocas diferentes.

Los preparativos para estas fiestas se efectuaban con varios días de antelación, se convocaba a una reunión donde se acordaba entre otras cosas: recorrido a realizar, donativos para sufragar los gastos, ensayos y programa. El recorrido comenzaba con cantos o coros, se mentaba el santo y se despojaba a los miembros del bando, generalmente se comenzaba durante el medio día y se concluía en la madrugada. Cada bando tenía su propia reina la cual era elegida por sus integrantes. El recorrido se realizaba a través del campos y cañaverales, en el transito por bateyes y caseríos durante toda la semana y era muy común el enfrentamiento con otros grupos o bandos de comunidades cercanas. Al sonido del caracol (guamo) avanzaban los peregrinos guiados por la flecha y escoltados por las banderas blancas, azul y roja, también la amarilla y la verde, todo una mezcla con el toque de tambor, la comitiva baila y canta, ejecutan danzas: el baile del vidrio, del machete, del juego con candela y el de la mesa.

Brujo haitiano en su danza ritual

Brujo haitiano en su danza ritual

En esta importante celebración se confeccionaba una comida especial el domingo de Resurrección nombrada Calalú, la cual contaba con los siguientes ingredientes: quimbombó, frijol gandul, carne de ave o de cerdo, chorizos y tocinos. Además se cocinaba pollo frito, fricasé de cerdo, chilindrón, congrí de frijoles negros, dulces de maní, coco, pudín de boniato, torrejas y como bebida el aguardiente.

Los bandos marchaban de batey en batey a ritmo de conga, al centro se situaban las mujeres, los hombres alrededor, luego se formaban las parejas. La mujeres vestían con tejidos de colores llamativos, sayas o vestidos largos y adornos con flores y cintas de colores. Los hombres usaban cintas que colgaban de sus camisas, portaban estandartes bordados en azul, rojo, verde con cordones amarillos o dorados, tenían forma triangular con el nombre del bando. Se distinguía el guía que vestía uniforme azul y rojo y un quepí o gorra y llevaba un silbato.

La música se ejecutaba a través de instrumentos de percusión: tumbadoras, cencerros, platillos de metal y sartenes.

La comparsa portaba una bandera cubana y la otra haitiana. Al llegar a un lugar se izaban ambas. Si se aproximaba otro bando se hacían señales con la bandera blanca. Si el otro bando contestaba con la roja era señal de desafío o competencia para probar quien era el mejor.

Otras manifestaciones culturales y celebraciones propias de la cultura haitiana son: la fiesta del 1 de enero por el fin e inicio del año, la fiesta de Elegguá el 6 de enero, fiesta de Santa Bárbara el 4 de diciembre, fiesta de San Lázaro el 17 de diciembre.

La herencia cultural haitiana es muy rica y variada, nos dejó su savia negra y rumbera y enriqueció nuestra cultura caribeña uniéndose todo en ese gran caldero que es la Cultura Cubana.

 

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