Hombres Historia, recopilación de entrevista a participantes en la Caravana

LA INVASIÓN DE LA LIBERTAD

Idinio Masías Samé, miembro del Ejército Rebelde, y uno de los caravanistas  que acompañaron a Fidel Castro en el histórico 8 de enero de 1959

Idinio Masías Samé, miembro del Ejército Rebelde, y uno de los caravanistas que acompañaron a Fidel Castro en el histórico 8 de enero de 1959

Por: Yani Martínez Peña\ Entrevista con Idinio Masías Samé, miembro del Ejército Rebelde, y uno de los caravanistas que acompañaron a Fidel Castro en el histórico 8 de enero de 1959.

Encontrar a Idinio Masías Samé en su domicilio es algo difícil, aunque está jubilado desde el año 1985 su vida continúa siendo muy activa, pues el trabajo en la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana es la actividad que ocupa la mayor parte de su tiempo. Cuando le propusimos conversar sobre un hecho trascendental en la historia de Cuba, próximo a cumplir su 54 aniversario, accedió gustoso, y luego de sortear los laberintos de su plan de trabajo, nos encontramos en la calidez de su hogar, un lugar en el que se respira historia. La conversación debía versar sobre su experiencia como parte de la Caravana de la Libertad, histórico recorrido protagonizado por los rebeldes luego del triunfo revolucionario y que culminara con su entrada, el ocho de enero de 1959, a Ciudad Libertad en La Habana.

Sin embargo, esa necesidad perenne de los combatientes de trasmitir sus vivencias a las nuevas generaciones y nuestras ansias de conocer, hicieron que primero recorriéramos la trayectoria revolucionaria de Masías desde su vinculación a la lucha clandestina, a la temprana edad de 21 años, hasta los históricos días de la Caravana. Comencé por la lucha clandestina, en el año 57, con 21 años me vinculé a una célula del Movimiento 26-7, en la misma zona donde vivía, en un barrio conocido por Loma Blanca, en Mayarí Arriba, con un grupo de valiosos compañeros. En marzo de 1958 me vinculé al Ejército Rebelde. En esa época el compañero Raúl Menéndez Tomassevich había sido nombrado para Jefe de una Compañía B a la cual me vinculé directamente en un pelotón que funcionaba como enlace entre Tomassevich y el resto de la Compañía.

Ramiro San MArtín, combatiente de la Columna 16 de II Frente Oriental, ese día recibió la misión de mantener el oreden en Banes, mientras el grueso de la Columna avanzaba hacia Santiago de Cuba

Ramiro San MArtín, combatiente de la Columna 16 de II Frente Oriental, ese día recibió la misión de mantener el oreden en Banes, mientras el grueso de la Columna avanzaba hacia Santiago de Cuba

En el mes de marzo Raúl Castro, al cruzar para el Segundo Frente Oriental, le ordenó a Tomassevich hacer un reajuste de la Compañía, pues había más personal incorporado que el armamento disponible, y como resultado, estuve distanciado de la compañía hasta que en el mes de marzo, luego de que fuera atacado el campamento de Tomassevich en Joturo, fue necesario que nos reincorporáramos a la Compañía. A mí me correspondió la misión de incorporarme a la tropa que se ocuparía de resguardar los caminos para que se produjera el traslado seguro de Raúl de la zona de Pilón hasta Bayate. En el mes de noviembre pasamos a la lucha en el llano, le llamábamos así a la parte donde estaban los cuarteles donde nos sumamos a la Compañía capitaneada por Filiberto Olivera Moya. Participamos en la toma de los cuarteles de Bertoni, La Maya, El Songo, San Luis y San Germán. Es en San Germán donde comienza su vínculo con la Caravana, una historia que recuerda con particular orgullo y que cuenta con una carga de matices emocionantes. Formamos allá en San Germán la caravana y salimos para Holguín, cuyo regimiento ya se había rendido, el día dos.

Al día siguiente nos unimos a Fidel y a la Caravana que llegaría a La Habana el ocho de enero de 1959. Ese periodo de tiempo en el que hicimos la Caravana para mí fue algo sorpresivo, alegre, y hasta desconocido realmente, porque aunque habíamos participado en acciones combativas y conocíamos el pueblo de la Región Oriental, el pueblo que prácticamente convivía con nosotros, un pueblo serrano, de monte; este no tenía verdadera conciencia de lo qué era el Ejército Rebelde, de lo qué era la libertad de Cuba, hasta que vieron materializarse sus sueños y la emoción invadió las calles. El pueblo nos llamaba los maumau y nos decían a nuestro paso: “dame una balita, una balita”, y le tirábamos algunas para que las tuvieran de recuerdo. En Holguín eran miles de ciudadanos de lado y lado de la calle viviéndolo con nosotros. Durante el trayecto de aquí hasta Ciudad Liberad iba muy emocionado porque yo ni siquiera conocía la Capital, ni siquiera la ciudad de Holguín, ni sabíamos que el pueblo de Cuba estaba masivamente con la Revolución, nos lo imaginábamos, pero no teníamos ni idea de la magnitud del deseo que el pueblo de Cuba tenía por su libertad. Al entrar a la Capital eran miles y miles de personas las que esperaban coreando ¡viva Cuba!, ¡vivan los barbudos!, ¡viva Fidel!, aunque no conocían bien a Fidel, ni nosotros mismos lo conocíamos bien. Realmente el deseo de la libertad y la felicidad por ser libres y porque Batista se había ido del país, permitió que nos acogieran con alegría, con emoción, con gritos, con felicitaciones.

Y a Masías se le entrecorta la voz, la emoción le distorsiona el habla, el recuerdo de aquellos días invade sus ojos mientras rememora el discurso de Fidel, los rostros de sus compañeros, las lágrimas de los familiares que habían perdido a algún ser querido en la guerra y aún así estaban agradecidos por la libertad conquistada… Hace una pausa, se recupera de la emoción y termina con una contundente sentencia: El día ocho de enero fue el cumplimiento de las ansias de libertad de Cuba, las mismas que guiaron a Gómez y Maceo en la primera invasión, las mismas que llevaron Camilo y Che por toda Cuba, esta era otra invasión, expresión de la continuidad histórica de nuestro proceso revolucionario, era la invasión de la libertad.

 

Paso de la Caravana de la Victoria por Holguín

Por: Yanela Ruiz González

Amanece el primero de enero de 1959 y Cuba toda está revuelta. Una noticia estremeció al país: Batista huyó. Nada mejor podía pasar en aquel entonces luego de tantos sacrificios y luchas de los revolucionarios. En Oriente, el fervor era mucho mayor. Los rebeldes tenían cercada a la provincia de Holguín; desde hacía meses habían realizado acciones insurgentes, hasta dejaron sin electricidad a la ciudad. Los recuerdos saltan a la memoria de quienes vivieron la época. En libros y periódicos se recogen los hechos.

El recuento y la ansiedad por conocer cada paso de aquel instante son inevitables. “El 24 tomamos el cuartel de Puerto Padre, y el 31 de diciembre atacamos el de Buenaventura, en el actual muncipio de Calixto García. No sabíamos que Batista se había ido, ni los guardias tampoco, y el día primero a las cinco o cinco y media de la tarde se nos entrega el Ejército de la tiranía. No había llegado Fidel ni nadie; nosotros éramos ciento treinta y pico de hombres, nos metimos para la Granjita, donde habían miles de guardias moviendo los tanques Sherman y empezamos a bajar guardias, llenamos casi dos rastras de fusiles.

Después llegó Fidel. El día 2, en la tardecita pronunció un discurso en Bayamo y al otro día salimos para Holguín”, cuenta con tanta emoción, como si estuviese en ese instante, Raúl Cartaya Hernández, fundador del IV Frente, de la guerrilla en el llano y uno de los que venían en la Caravana de la Victoria o de la Libertad. Resulta realmente emocionante. Al mirar el rostro de Cartaya la felicidad se hace evidente, el logro alcanzado y la victoria por la que tanto habían luchado llegaron. No faltaron los calurosos recibimientos por dondequiera que transitó la Caravana proveniente de Santiago de Cuba.

Fidel al frente con Celia y decenas de rebeldes custodiando y agrupados en tres columnas; una la dirigía Orlando Pupo, de la Columna 1; la otra, Pedro García Peláez, también de esa fuerza, y la tercera, Valle Lazo, de la Columna 17 del Segundo Frente. Narra Cartaya que la Caravana en Holguín pasó solamente por la Carretera Central. Solo se detuvieron un rato a la entrada de Cacocum. Allí Fidel bebió refresco. Había una tiendecita en la que comieron turrón de coco, lo único que tenían para vender. Pero no hubo discursos, como en otros sitios por donde transitaron. La gente no hallaba qué hacer, los besaban y abrazaban. Aquello fue tremendo, la excitación del pueblo al ver a Fidel en la Caravana y todos los rebeldes que venían con él. No faltaron los vítores. Era día 3 en la tarde. Prosiguieron el recorrido hasta la escuela politécnica Calixto García, donde los esperaba Delio Gómez Ochoa, jefe del IV Frente Simón Bolívar y que para este entoces se hallaba al frente de la plaza militar holguinera, luego de la rendición incondicional de los casquitos allí acantonados.

También estaba presente Ramón Castro, según un trabajo de la colega María Julia Guerra, publicado en el periódico ¡ahora! en el año 2004. Una vez establecidos en el teatro de la institución, donde Gómez Ochoa había establecido su Estado Mayor, Fidel se reunió con los militares de la tiranía y les planteó la posibilidad de seguir con ellos y unirse al Ejército Rebelde; de lo contrario irían a juicio. Un nutrido grupo de combatientes del Segundo Frente Oriental Frank País se une a las filas de la Caravana para seguir hasta La Habana. Holguín era ya una plaza libre. El Comandante en Jefe de la Revolución naciente volvió a Holguín en febrero y pronunció un discurso desde los balcones de La Periquera. En un fragmento destaca: “…No hubiera podido irme esta vez de la provincia de Oriente sin visitar a Holguín, no pude hacerlo en los primeros días de la victoria revolucionaria porque tenía necesidad por motivos revolucionarios, tenía necesidad por la seguridad de la Revolución de llegar a la capital…” Y sí tenía razón el Comandante en Jefe. En esta región todavía había fuerzas represivas cuando transitó la Caravana. Según Cartaya, en un recorrido por el ferrocarril al día siguiente, todavía algunos casquitos y la gente de Masferrer (Ejército paramilitar de Rolando Mansferrer) tiraban desde los tejados.

Recuerda que iba en un yipe junto a su compañero Luis Álvarez Aguilera, y los tirotearon; ellos ripostaron pero no pudieron coger a la gente, estaba todavía Holguín que era un hervidero con la noticia de la huida de Batista. Al amanecer, Fidel le encomienda a Arsenio García Ávila, superviviente de la gesta del Granma, que se hiciera cargo de la organización de la Séptima División de la Policía en el territorio. Debía continuar el recorrido hasta la capital. En lo sucecivo llegaría a las cabeceras de provincias, donde pronunció palabras de enaltecimiento al pueblo por su comportamiento y colaboración en la lucha contra la tiranía. Seguían así las ovaciones por el triunfo de la Revolución.

 

José Amado nunca olvidará el glorioso triunfo.

Por Lilian Rosa Feria Rodríguez.

José Amado Hidalgo, que reside en la calle Cuba número 266 con una hermosa familia, su esposa de 53 años de casados, 4 hijos, varios nietos y bisnietos forma parte de los hombres de honor que participaron en la Caravana de la Libertad que lideró nuestro comandante en jefe Fidel Castro Ruz.

El bien conocido por sus amigos como Cheo, nos comenta de su excelente experiencia al respecto. “Cuando triunfó la Revolución, yo estaba en las Tunas en la columna 12 con el teniente Iván Leiva que era mi jefe inmediato, al aviso corrimos a la capitanía donde nos habilitaron con gasolina, alimentos y rifles más grandes y salimos con la misma ropa en dos carros el día 2 por la noche, al llegar a   Camaguey  nos unimos a la caravana durante seis largos días de emoción”. Algo para nunca olvidar. “Al llegar a La Habana, entramos por el Cotorro, nos esperaba el pueblo entusiasmado, los balcones llenos de personas que felices anhelaban  el encuentro. Para ese momento tenía el pelo largo por los hombros con una barba que nos caracterizaba a todos, las mujeres nos besaban en la cara y  nos ponían collares. Para mi esto constituye una de las experiencias más inolvidables y fue algo muy grande que viví y recordaré durante toda mi vida”.

José Amado, Fundador de la Asociación de Combatientes, como parte del Ejército Libertador  participó en varios combates en el empeño de logar el triunfo: en el Combate de Maniabón, en el Combate de Guáimaro junto a Lalo Zardiña, así como en el Combate de Cerro Pelado junto a la columna del líder de la Revolución  Fidel  Castro y causaron varias bajas a los enemigos. El también fundador del Partido Comunista y después de Triunfó de la Revolución, trabajó como dependiente de una tienda en el pueblo, luego fue administrador de una granja cañera y por último fue Jefe de  Abastecimiento del  Central  Chaparra hasta su jubilación por problemas de salud, vive honrosamente representado por la Revolución que hace 55 años fue parte de su triunfo y que hoy siente el orgullo de ser cubano  y formar parte de ella.

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